ALBERGUE Y PANDEMIA

La pandemia ha sorprendido a todo el mundo y nos ha cerrado en nuestras casas. Pero… ¿y si no tienes casa…? ¿Y si tu vida, por diferentes motivos y circunstancias, se desarrolla entre un albergue para personas sin hogar a otro, o directamente en la calle? 

Fundación Albergue Covadonga en Gijón acoge a mujeres y hombres en situación de total exclusión social y… no ha cerrado sus puertas en ningún momento desde que empezó la pandemia. No fue fácil. Entre el miedo a lo desconocido, falta de directrices claras, desinformación, falta total de mascarillas y geles desinfectantes, el testimonio y coraje de los trabajadores fue admirable. Se confinó a los usuarios dentro del Albergue y en “Calor y Café” intentando que el tiempo de confinamiento fuera lo más llevadero posible, y una vez aflojadas las restricciones se seguía con movimiento de las personas para que, aunque fuera unos días al mes, pudieran dormir, comer y asearse bien y tranquilos. Nuestro Albergue ha sido uno de los pocos en España que ha acogido a la gente, directamente de la calle, sin la PCR hecha.  Y a pesar de que las autonomías estaban perimetradas “nuestra gente” seguía llegando de toda España. 

Cada día “peleamos” para que lleven la mascarilla puesta, que se desinfecten las manos, que mantengan la distancia. Ahora ya un poco más tranquilos. Por fin, vacunaron a los profesionales del Albergue y también al gran número de los usuarios y personas más vulnerables en las calles de Gijón. Hemos pasado unos cuantos sustos. En los meses de invierno pasamos por temporadas de fiebre, infecciones, malestares… pero ninguno de nuestros usuarios dio positivo. Providencia, milagro o inmunidad por la dura vida que llevan. Quien sabe…

Hay que reconocer el trabajo de nuestra comunidad de Hermanas. Aunque en el primer confinamiento, dada la edad de las hermanas, se vieron obligadas a salir del Albergue, en unas cuantas semanas volvieron y siguen prestando su servicio con paciencia, aceptando las limitaciones de la situación, confiando que su presencia en los patios y espacios del Albergue pronto se pueda ver ampliada.

Para mi, compartir la misión de la Fundación Covadonga es un desafío y una alegría. Después de muchos años de acompañar a los menores me encuentro muy bien trabajando con adultos y estoy muy agradecida al Señor por esta oportunidad. 

El tiempo de la pandemia fue y sigue siendo duro para todos. Pero hay colectivos que por diferentes circunstancias lo pasan peor: los mayores, los enfermos, y entre muchos más, las personas de la calle. Con esperanza miramos el futuro deseando volver a la normalidad, pero… ¿Qué significa la normalidad para los excluidos socialmente…? Cómo Terciarias Capuchinas queremos seguir manteniéndonos en la pregunta ¿Qué quieres de nosotras Señor? Abramos nuestros ojos y con nuestra cercanía, buenas palabras, sonrisa, un parar y preguntar cómo estás, hagamos el mundo un poco más agradable a tantos herman@s nuestros que sin casa o viviendo en los “chupanos” o infraviviendas, están en las esquinas de nuestras calles pidiendo limosna. Y, aunque no les demos dinero (que hace más mal que bien), que se sientan acogidos y descubran de nuevo una esperanza en su vida.

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